Carta Pastoral de Nuestro Obispo Consiliario llamada “Volver a lo Esencial”.

Volver a lo Esencial, es el título general de la carta pastoral que he dirijo a los sacerdotes y fieles de nuestra diócesis de Segovia. Lo esencial y lo único necesario para el hombre es Dios, todo cambia si Dios existe o no existe, que no da lo mismo para el hombre, para el mundo y la historia humana y la sociedad el que haya. Dios o que no lo haya, que no da lo mismo creer, que no creer que un mundo sin Dios es un mundo más pobre y mas angosto, y que una humanidad que se aleja de Dios se priva de la raíz mas profunda para la afirmación de su verdad para el reconocimiento y respeto de su inviolable dignidad y para su realización en la más autentica libertad. Sin Dios no se puede ser verdaderamente felices. Sin Dios la sociedad no progresa. 

¿Que es lo esencial en nuestra vida de cristianos?
1. Evangelizar
Evangelizar ha sido siempre la actividad primordial de la Iglesia y lo seguirá siendo. De ahí su preocupación constante por justificar esa tarea. “existimos para evangelizar “(Benedicto XVI)  la misión evangelizadora de la Iglesia se desarrolla a través de un proceso rico y complejo que comprende un conjunto de elementos constituyentes: La renovación de la humanidad, la evangelización de la cultura, el testimonio de los cristianos, el primer anuncio de Cristo Salvador, la conversión y adhesión del corazón a Jesucristo y su Evangelio, la entrada en la comunidad, la acogida de los signos sacramentales, la promoción del desarrollo humano y el ejercicio de la caridad. Estos elementos son complementarios y mutuamente enriquecedores.
Incluyen todo lo que la Iglesia hace, dice, vive y expresa. La acción evangelizadora se apoya, radicalmente, en la misión que Cristo recibió del Padre y confió a la Iglesia; nace de la fe eclesial y tiende a hacer a todos los hombres discípulos de Cristo. La acción misionera deberá ir transformando en vida de Iglesia todo lo bueno que encuentra en el corazón y en la mente de grupos humanos y de los pueblos. A veces esta acción misionera deberá seguir un proceso lento, respetando etapas. Pero ha de plantearse siempre el anuncio explícito de Jesucristo. Mediante la acción misionera debe llegar a todo hombre la llamada de Dios que interpela, convoca y urge a la conversión. Además de esto es preciso reconocer que la evangelización es hoy “nueva” porque el mundo, la cultura, la sociedad, el hombre al que se dirige tiene una visión de las cosas, una actitud ante Dios, los demás y mundo creado que son en gran medida «nuevos». Esta novedad se percibe de forma evidente, si atendemos a las unidades políticas, a las estructuras sociales, económicas y familiares, a la disposición de medios y al tipo de vida, que configura a este hombre concreto. Dado esta «novedad», el mensaje del evangelio debe proclamarse, no al margen de la misma, sino teniendo en cuenta sus características, discerniendo sobre sus valores y contravalores, asumiendo su riqueza y sus riesgo.

2. Celebrar Los cristianos en la liturgia de la Iglesia, celebramos lo que creemos. Es por tanto acontecimiento de salvación que se verifican en toda celebración. Si con Pablo VI aprendimos muy claramente que la Iglesia vive para evangelizar inspirados en el Vaticano II, si Juan Pablo II nos impulsó a «plantear el problema de la evangelización en términos totalmente nuevos», hoy afirmamos que la Iglesia vive para celebrar, porque la liturgia y especialmente la Eucaristía es la fuente y la cima de la evangelización y de la catequesis. (SC 10) Proclamar la fe, creerla en el corazón y celebrarla a través de la Eucaristía, los sacramentos y la oración son los elementos eclesiales que no pueden separarse entre sí. Desde los tiempos de los Apóstoles se ha proclamado el Evangelio para que los creyentes pudieran celebrar la Eucaristía con sentido. Cuando Pablo VI en la Evangelli Nuntiandi se refiere a la fuerza evangelizadora de los sacramentos, afirma que, «la finalidad de la evangelización es precisamente educar en la fe de tal manera que conduzca a cada cristiano a vivir y no a recibir de modo pasivo o apático los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe». (EN 47) Evangelización y liturgia son inseparables. La realidad salvadora que la Iglesia proclama con la evangelización es la misma que se celebra en la liturgia.

3 Testimoniar
Una de las últimas instrucciones de Cristo a sus Apóstoles antes de subir al cielo fue: “Seréis mis testigos, hasta el confín de la tierra” (Hechos 1,8). Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites. “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”. Vivimos inmersos en una crisis religiosa de hondo calado: muchos hombres se sienten lejanos y ausentes de la mano de Dios Padre, sordos a su llamada e indiferentes a su voluntad sobre nuestra vida. Benedicto XVI denunciaba recientemente. “El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto”.
También los laicos cristianos están llamados a dar testimonio de que la fe cristina es la única respuesta concreta a los interrogantes que da la vida. Plantea a cada hombre y a cada sociedad y ellos pueden insertar en el mundo los valores y el reino de Dios, promesa y garantía de una esperanza que no defrauda.

+Ángel Rubio Castro
Obispo de Segovia

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