“La familia y la nueva Evangelización”. Lea el nuevo artículo publicado por el Consiliario Nacional, Ángel Rubio

Siempre ha sido relevante anunciar con esmero y vigor el Evangelio de la familia. Hoy es más urgente. Nuestro pueblo aprecia mucho a la familia. Los jóvenes la valoran y desean, a pesar de las dificultades, crear una familia. Aunque hay voces empeñadas en desfigurar la realidad misma del matrimonio, creemos que, ser esposo y esposa, padre y madre, es algo  imprescindible para formar un hogar sobre la base del matrimonio.

Ya, en los primeros momentos del cristianismo, la familia aparece como transmisora de la fe de los padres, especialmente en algunos países donde los sistemas de ideología totalitaria prohíben toda creencia religiosa. De manera que la transmisión de la fe hacía de la familia, lugar idóneo e íntimo para acoger a los hijos, cuidar de la salud corporal y espiritual, ámbito de la ecología humana, santuario de vida y esperanza de la sociedad. Una comunidad creyente y evangelizadora pasa por la familia como institución básica para transmitir la fe. Como ha dicho el Papa Benedicto XVI “la familia cristiana tiene, hoy más que nunca, una misión nobilísima  e ineludible, como es trasmitir la fe, que implica la entrega a Jesucristo muerto y resucitado y la inserción en la comunidad eclesial”.

Si la transmisión de la fe encuentra en la familia un entramado de comunicación y afecto que permite hacer desarrollar la vida es ella el ámbito de relaciones personales donde se produce el despertar religioso que tan difícilmente se logra en otros ámbitos.

Es, asimismo, lugar privilegiado para aprender a orar: en familia, la plegaria se une a los acontecimientos de la vida, ordinarios y especiales; la oración familiar representa el germen de diálogo de cada persona con Dios; el seno de la familia es el primer lugar natural para la preparación de los sacramentes.

No olvidemos nunca que la familia es la primera iniciadora en el encuentro con Dios y en la experiencia de Dios. Es preciso insistir una y mil veces que la familia es ámbito y cauce primordial, insustituible, para la transmisión y educación de la fe y de la vida religiosa. Siempre se ha considerado así por parte de la Iglesia. Siempre se ha apoyado en ella para transmitir la fe a los pequeños y a los jóvenes. La mayoría de nosotros recibimos la fe de nuestros padres y fuimos educados en la fe dentro de la familia y por ella misma. Aprendimos a ser hombres al tiempo que aprendimos a ser cristianos, aprendimos a hablar y decir «papá y mamá» casi a la par que aprendíamos a decir «Padre nuestro, Santa María»; para muchos de nosotros, al establecer la relación personal con Dios mediante sencillas oraciones, desde los primeros balbuceos, Dios ha sido y es tan real desde el principio como nuestros mismos padres. Gracias al núcleo familiar creer, para muchos de nosotros, ha sido y es tan natural casi como la propia vida.

La familia ha de vivir la nueva evangelización que no podrá ser una realidad sin un gran esfuerzo de renovación espiritual e institucional de nuestras comunidades cristianas. La nueva evangelización es inseparable de la familia cristiana. Nueva evangelización “en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones”. “Nueva” porque el mundo, la cultura, la sociedad, el hombre al que se dirige tiene una visión de las cosas, una actitud ante Dios, los demás y el mundo creado que son en gran medida “nuevos”.

El anuncio evangélico debe proclamarse teniendo en cuenta el proceso de secularización de los últimos siglos que ha producido “una grave crisis del sentido de la fe cristiana y de la pertenencia a la Iglesia”. Vivimos inmersos en una crisis religiosa de hondo calado: muchos hombres se sienten lejanos y ausentes de la mano de Dios Padre, sordos a su llamada e indiferentes a su voluntad sobre nuestra vida.

También las familias cristianas están llamadas a dar testimonio de que la fe cristina es la única respuesta concreta a los interrogantes que plantea la vida a cada hombre y a cada sociedad. Ellas, las familias cristianas, ellos pueden insertar en el mundo los valores del Reino de Dios, promesa y garantía de una esperanza que no defrauda.

 

+Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

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