“CORPUS CHRISTI, CÁRITAS Y PROCESIÓN”, carta pastoral del obispo de cursillos, Mons. Ángel Rubio

En el Corpus Christi se celebra el día de la Caridad ya que el Cuerpo entregado y la Sangre derramada del Señor constituyen para nosotros, a través de la historia, el mismo y único sacrificio redentor de Cristo que es la manifestación mayor de su amor a los hombres. La procesión con el Santísimo por nuestras calles y plazas es para significar que la Eucaristía va más allá de las paredes de nuestras iglesias. Con este gesto ponemos ante sus ojos, nuestra vida entera, los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y los ancianos, las tentaciones, los miedos etc… La procesión quiere ser una gran bendición pública para nuestra ciudad y pueblos.

Si en alguna parroquia no se puede celebrar la procesión por falta de sacerdote o los fieles no pueden trasladarse a un lugar de procesión que adoren al Santísimo en la iglesia, en espíritu y en verdad, todo el tiempo posible para agradecer, ofrecer, amar e imitar. Nunca el hombre se entiende más sabiamente que cuando adoran a su Dios.

La fiesta del Corpus Christi es una fiesta de fe, celebración del “misterio de la fe” que es fuente y cima de toda la vida cristiana, centro en el que confluye la totalidad de la Iglesia. Que nada distraiga a la comunidad cristiana de la celebración de lo que es verdaderamente sustancial en este día: la proclamación de fe en la presencia real del Cuerpo de Cristo, de Cristo en persona. Amor de los amores entregado por nosotros; inagotable fuente de vida y amor de la que brota la caridad de los cristianos.

Los cristianos debemos centrarnos en la Eucaristía, hacer de ella la fuente y el culmen de la vida cristiana. Aspirar a la caridad, hacer de ella la norma de nuestra vida, vivir la caridad, llevar a cabo la instauración de un mundo nuevo que exige la caridad como la forma propia del vivir cristiano, está exigiendo que los cristianos vivamos profundamente el misterio de la Eucaristía. Sólo quien se alimenta de Cristo, caridad de Dios, amor de Dios hecho carne, puede entregar ese amor a los demás; sólo quien vive a Cristo, quien se une a Él, puede entregarlo a los demás, y con El y como El ser el buen samaritano que se acerca al malherido y maltrecho para curarlo. Sólo quien participa en la Eucaristía, quien vive todo lo que significa y es el misterio eucarístico se capacita para hacer de su vida una entrega de sí mismo y de sus cosas a los demás, es decir, un darse real y enteramente a todos.

El día del amor de Dios es también el día del amor al prójimo. El donativo para Cáritas se funda en el don de Dios y se hace de manera organizada para mayor eficacia. Cáritas no solo pertenece a la Iglesia sino que es la misma Iglesia en su estructura más fundamental que es la parroquia. Los miles de voluntarios de la Iglesia que realizan actividades sociales no nacen por generación espontánea. Son miembros de la Iglesia que han recibido el anuncio de la Buena Noticia y viven y alimentan su fe en la comunidad eclesial. Esta experiencia es la que da razón de ser a toda su actividad. La gran mayoría de los fondos de Cáritas proviene de instituciones y personas de la misma Iglesia. Como el economato diocesano recientemente inaugurado en Segovia y que se convierte en pionero de otros que van a surgir muy pronto en nuestra región

La Eucaristía es la gran escuela del amor fraterno. Quienes comparten frecuentemente el pan eucarístico deben comprometerse en construir todos juntos la civilización del amor. La Eucaristía nos conduce a vivir como hermanos; nos reconcilia y nos une; no cesa de enseñar a los hombres la importancia decisiva de una moral fundada sobre el amor, la generosidad, el perdón, la confianza en el prójimo, la gratitud, el respeto a la vida, la edificación de la paz. Si el pueblo cristiano se centra más y más en la Eucaristía, tened por seguro que se abrirá una aurora de paz y de respeto a la vida en todas las fases de su existencia y en cualquier circunstancia y lugar. De ahí el sentido de la Procesión.

“No es posible vivir ajenos a los cinco millones y medio de hermanos nuestros que no tienen trabajo; a las miles de empresas abocadas a reducir plantillas o a cerrar las puertas; al millón y medio de familias con todos sus miembros en paro. Tampoco podemos ser insensibles ante algunas formas de actuar de personas e instituciones que, llamadas de un modo especial a orientar sus proyectos y acciones con justicia y  transparencia no son ejemplares en el ejercicio de estos deberes. Es tiempo de convertirnos pasando de la compasión a la acción, y asumiendo un claro compromiso en favor de los más necesitados” (Mensaje de los obispos con motivo de la fiesta del Corpus Christi).

Que Jesús Eucaristía, vida gratuitamente entregada para que todos vivamos, nos ayude a hacer de nuestras vidas una entrega generosa y gratuita, como don de nosotros mismos. De este modo lucharemos contra la crisis; no nos cerraremos cada uno en nuestro propio interés, sino que buscaremos juntos lo que es mejor para todos en coherencia con la lógica del bien común y de la comunicación cristiana de bienes.

El MCC que acaba de celebrar el pleno Nacional, con la temática “Inserción de MCC en la pastoral diocesana”, sería buen manual para incorporarse en las Caritas parroquiales como voluntarios y por ser cursillistas.

+ Ángel Rubio Castro

                                                                          Obispo de Segovia

 

 

 

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