UN AÑO SIN DON ADOLFO

Sí, hace ya un año (¡cómo pasa el tiempo!) sin el gran amigo y maestro. Ejemplar sacerdote y testigo de la Misericordia de Dios hecha realidad en la misericordia con los hermanos… (incluso con los que tan mal se lo pagaron…)

El sacerdote y pastor, sencillo, humilde y generoso hasta dar la vida.

Denodado luchador por el Reino de Dios en la tierra, en su tarea sacerdotal, tanto en sus parroquias como en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad al que tanto quería y por el que tanto luchó en la Diócesis de Orense.

Ejemplar sacerdote, decía, y ejemplar maestro de sacerdotes.

Un hombre bueno, realmente “JUSTO” en el sentido bíblico de la palabra.

Querido Adolfo: Gracias, mil gracias por tu ejemplo. Gracias por tu amistad; gracias por tu generosidad; gracias por tantas cosas… Y gracias por recordarnos que “ES HORA DE SER LA ESPERANZA, ES HORA DE DAR LA AMISTAD. ES HORA DE SER TESTIMONIO DE DIOS EN UN MUNDO QUE NO SABE AMAR”. Tu supiste hacerlo. Tu fuiste (eres) esperanza; entregaste tu amistad “sin recortes”. Tu fuiste (y sigues siendo) testimonio de Dios en este mundo que no sabe amar.

Ahora, amigo Adolfo, se nuestro valedor ante el Padre. Intercede por nosotros para que seamos en todo momento, como tú, testigos de la misericordia y como tú, también, apóstoles generosos y sencillos.

Intercede por tu (nuestro) querido M.C.C. y ayúdanos desde tu lugar de privilegio, a no desfallecer en la lucha.

Y ante la Madre, a la que tanto quieres y de la que fuiste fiel custodio en la tierra (como aquel otro “justo” que era José) pon todos nuestros anhelos, para que Ella, –¡Bendita Madre!– los presente a su Hijo.

Querido Adolfo: ¡gracias! Infinitas gracias por tantas cosas…

Te seguimos queriendo.

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