Palmas de colores

palma de colores

Ana Gaona y Juan Trujillo tienen 38 años y recibieron esta “proclamación jubilosa de Jesús”, que es el Cursillo de Cristiandad, en sus primeros meses de casados. Ambos procedían de familias católicas, pero vivían una fe tibia. «Cuando entré en la Universidad, no quería ser tachada de rara, así que me fui alejando», cuenta ella. «En mi caso fue después de hacer la primera comunión, desaparecí – explica Juan.- Pasaron los años, pero tenía un vacío dentro que intentaba llenar con muchas cosas. Dios se sirve de distintos caminos para llegar a nosotros y, en mi caso, fue a través de la familia de Ana. Ellos me hablaron de Cursillos y me lancé. Allí tuve la gran fortuna de encontrarme con Jesús. Me sentí como la oveja perdida que el pastor vuelve a encontrar».

Estos malagueños tuvieron la suerte de vivir la experiencia en pareja. «Gracias a ese cursillo, nuestro matrimonio cambió. Éramos muy felices, pero descubrir a Dios en medio de nosotros, lo cambió todo. Mucha gente no sabe que Dios está ahí, en medio de su vida, y es una pena», confiesa Juan.

50 años de cursillos

Los Cursillos son un movimiento que nació hace más de 50 años y que se ha extendido desde España a todo el mundo. Fue creado para los más alejados, pero no es algo excluyente. «Cualquiera puede hacer cursillos y ser afortunado. Basta con estar en búsqueda», afirma este joven matrimonio. «Un cursillo puede sonar a algo de formación y que dura poco, pero no es eso. Es un encuentro con Jesús a través del testimonio encarnado de otras personas. Lo más importante es encontrarte a personas como tú que te cuentan qué ha supuesto tener a Jesús en sus vidas. El primer requisito es ir dispuesto, sin prejuicios, “con el paraguas cerrado” decimos nosotros, para que lo que te van a dar, te cale hasta los huesos».

A la salida del cursillo comienza “el cuarto día”. «Es el primer día del resto de tu vida, donde estás llamado a ir siendo “fermento” en los ambientes de siempre». En ese tiempo, el movimiento de Cursillos ofrece la ultreya, cuyo nombre significa “más allá” y procede del saludo de los peregrinos que iban a Santiago de Compostela. En ella, los cursillistas se encuentran para compartir cómo siguen viviendo su fe en el día a día.

Juan y Ana se encontraron con Jesús en Cursillos, y ahora forman parte de la Escuela de Cursillos, miembros del equipo de personas que ayuda a otros a encontrarse con Jesús en esta preciosa herramienta que llena la vida “de colores”.

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