La caricia de la Misericordia: Ultreya del MCC de Córdoba

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El martes, día 22 de noviembre, hemos celebrado el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba una Ultreya en nuestra casa de San Pablo. Con una importante asistencia comenzamos el acto que corrió a cargo de Julián Merino miembro de nuestra escuela de cursillos de cristiandad.

Empezó su exposición diciéndonos lo que significa la palabra “Ultreya”, esto es el saludo de ánimo que se daban los peregrinos cuando se encontraban en el camino de Santiago y que significa adelante. Y eso es lo que pretendemos con este encuentro, darnos unos a otros una palabra de aliento para seguir nuestro peregrinar.

Julián nos recuerda lo que nos dice el Papa Francisco de la Iglesia, que debe ser viva, una Iglesia en salida, signo de perdón y misericordia, como nos enseña Jesucristo con su Palabra, sobre todo en evangelista Lucas también llamado el evangelista de la misericordia.

A través de parábolas como: El buen samaritano, El hijo prodigo, El pobre Lázaro y el rico Epulón, el fariseo y el publicano etc.

En esta ocasión Julián nos quiso central en el tema analizando la parábola que le llaman la perla del Evangelio o el Evangelio dentro del Evangelio “La parábola del hijo pródigo. Poniendo de manifiesto las diferentes posturas de los hijos, tanto del que pide lo que cree que tiene derecho, y cuando lo consigue da la espalda a quien se lo da y se aleja del amor del Padre para vivir su vida, malgastar su herencia y caer en la miseria moral. O como el otro hijo que confunde el amor y la fidelidad con el estricto cumplimiento de la ley y rigorismo con el que los hombres entendemos la justicia.

Como respuesta a estas dos posturas esta la del Padre que es de Amor, de perdón, de misericordia y que ésta es el sentido que el amor de Dios da a la justicia.

Julián nos hizo un paralelismo de esta parábola con lo que conoció en nuestra casa de San Pablo cuando hizo el Cursillo de Cristiandad. Donde encontró ese Dios Padre que todos los días oteaba el horizonte, que todos los días esperaba a que se decidiera a ponerse en marcha hacia su casa, y como le devolvió los harapos y la miseria que traía y lo revistió de la dignidad de hijo de Dios sin pedirle nada cambio solo que anidara el amor del Padre en su corazón.

Nos hizo recapacitar sobre la necesidad que tienen nuestros hermanos de ser receptores de la Misericordia del Señor, siendo para ellos islas de misericordia en medio de este mar de indiferencia y que esa misericordia seremos capaces de darla en la medida que la sintamos nosotros los cristianos, en la medida que seamos capaces de dejar que el Señor penetre en nuestro corazón y limpie nuestra miseria. Solo así podemos compartir el bálsamo que el Señor nos da.

A continuación de la exposición hicimos varios grupos en los que nos comunicamos como sentimos esa misericordia de Dios en nosotros y acabamos nuestra Ultreya compartiendo un ágape y dándole gracias a Dios por todo lo que nos da el Señor a través de su Iglesia y en nuestro caso concreto en nuestro Movimiento de Cursillos de Cristiandad.

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