La voz del Consiliario: Evangelizar siempre y en todo lugar

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La misión esencial e identidad de la Iglesia es la evangelización. Esta responsabilidad recae en grados diferentes sobre el Papa, los Obispos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas y sobre todos los seglares. Aunque la tarea es la misma, cada uno la realiza desde la base de su particular condición.

Los cursillistas han de estar en primera línea de evangelización. Llevemos pues el Evangelio sin ningún miedo ni complejo, con firmes y básicas certezas, con plena libertad y valentía, con la alegría que viene de Dios y el gozo de la dicha que encierra el tesoro del Evangelio, con las razones que sustentan el anuncio del Evangelio, capaces de responder con toda seguridad a las explicaciones que hoy se nos piden.

Mostremos, sin echarnos atrás y sin retirarnos de Jesucristo; obedeciendo a Dios antes que a los hombres, conscientes y sabedores con certeza, de que el Evangelio, la Palabra de Dios, no están encadenados, ni en trance de perecer y son fuerza de salvación para todo el que cree; sabiendo además que navegamos contracorriente, que estamos en el “mar proceroso de nuestro tiempo”, sacudidos por tantas cosas, por tantas olas de modas culturales que tanto presionan, por tantos vientos, a veces tan adversos que parecen confundirnos y llevarnos sin rumbo al retortero.

Pero el Señor está con nosotros, navega con nosotros, sin bajarse de la frágil barca de Pedro y que Él en medio de la noche, ya en la alborada de un nuevo día, nos busca, viene a nuestro encuentro, caminando sobre las “aguas agitadas” de hoy, agarrándonos de la mano, para que no nos hundamos y seamos salvados y conducidos a bueno puerto, con los vientos y las aguas sosegadas.

Para evangelizar es necesario vivir de esta certeza y en ella estar dipuestos a dar la vida por ella. Esta es la certeza de la fe que salva, más firme que cualquier otra. La duda y la perplejidad, por lo contrario, corroe, atemoriza y anegan, el relativos de nuestro tiempo hunde en el abismo y destruye, algunas opiniones e interpretaciones de la fe hoy en circulación nos alejan y apartan de la realidad, impiden acercarse a la persona de Cristo, en su realidad propia y de salvación; así imposibilitan evangelizar.

No seamos víctimas y estemos presos del último o de lo último que nos llega, del último artículo que hemos leído o de la última opinión teológica o no teológica que hemos escuchado, que parece moderna o alagar a los oídos de muchos del presente, no nos casemos con el presente que de inmediato nos quedemos viudos. Seamos hombres y mujeres de fe sólida, de firmes certezas, maduros en la fe, enraizados en la roca firmísima de la fe de la Iglesia.

El cursillista ha de ser sorprendido por el Evangelio de Cristo y ha de comunicar la belleza y la alegría de ser un auténtico evangelizador, en todos los lugares y personas con las que se encuentra.

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