Cursillos de Cristiandad: Instrumento de primer anuncio y evangelización

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Carta del Arzobispo de Zaragoza, Monseñor D. Vicente Jiménez, dirigida a toda su diócesis sobre el Movimiento de Cursillos de Cristiandad como instrumento de primer anuncio y evangelización.

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) es un movimiento de Iglesia, que posibilita la vivencia de lo fundamental cristiano, en orden a crear grupos de cristianos que vayan fermentando evangélicamente los ambientes, ayudándoles a descubrir su vocación personal y los compromisos derivados de su bautismo.

Desde su revisión y renovación, a la luz del Concilio Vaticano II y la aprobación de sus estatutos por la Conferencia Episcopal Española, aparece como un instrumento de evangelización, un medio de la pastoral profética de la Iglesia, y dentro de ella, de la pastoral kerigmática. El MCC se puede considerar como un medio privilegiado de evangelización desde el anuncio del kerigma o primer anuncio, particularmente entre los alejados.

Sus destinatarios principales son los bautizados que necesitan volver a despertar y revivir su fe. Así, pues, los cursillos se inscriben en el ámbito kerigmático o de primer anuncio, anuncio de lo fundamental del mensaje cristiano, mediante testigos que han experimentado una transformación real tras el encuentro vivo con Jesús (cfr. Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 1); mediante un estilo vivencial y talante gozoso, con el objetivo de provocar la conversión o adhesión personal a Jesucristo: “Lo específico de los cursillos es la predicación kerigmática o primer anuncio: es ser broca (taladro) que vaya abriendo el túnel y cediendo paso a la labor de catequesis; es ser máquina rompehielos para estos tiempos difíciles”.

El Grupo y la Ultreya tienen carácter instrumental, de ayuda, para descubrir la vocación personal del cursillista. No fueron creados para reemplazar otras estructuras eclesiales, “sino como medio de inserción en la Iglesia local”. Para mejorar la integración en la vida diocesana, desde lo afirmado por el Secretariado Nacional, se necesita: crear mentalidad diocesana; esfuerzo por introducirse en el mundo de los alejados; colaborar en la pastoral del bautismo y del matrimonio; hacerse presente en foros, consejos, congresos y otras instancias diocesanas.

Siguiendo la doctrina del Concilio Vaticano II y las orientaciones de la Exhortación Apostólica Christifideles Laici, los laicos (cursillistas) encuentran su plena identidad, insertados en la Iglesia como misterio de comunión para la misión.

Iglesia-misterio. Es en la riqueza de la Iglesia-misterio donde el laico descubre toda su dignidad sacerdotal, profética y real. Es allí donde se explica su vocación a la santidad, su deseo por una espiritualidad apropiada, encarnada en el mundo, la urgencia de una formación profunda y permanente, la necesidad de la eucaristía y la penitencia, su sed de oración.

Iglesia-comunión. En el contexto de la Iglesia-comunión, el laico cristiano es miembro del pueblo de Dios, llamado a vivir en comunión con Cristo y con los hermanos. De ahí que no puede vivir encerrado en sí mismo, aislado de la comunidad, sino que debe vivir en un continuo intercambio con los otros, con un vivo sentido de fraternidad apostólica.

Iglesia-misión. En el contexto de la Iglesia-misión, el fiel laico comparte la responsabilidad del mandato evangelizador: “Id al mundo entero…”. Además, se caracteriza por su condición secular. El laico vive en el “siglo”, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia está como entretejida (cfr. LG 31).

El laico cristiano tiene que trabajar en el ancho campo del mundo, que es la viña del Señor: la familia, la enseñanza y la educación, el mundo del trabajo, la economía, la política, la ciencia y la técnica, las comunicaciones sociales, los grandes problemas de la vida humana, la solidaridad, la paz, la ética profesional, los derechos de la persona humana, la libertad religiosa, etc.

La misión de Cursillos de Cristiandad sintoniza plenamente con el objetivoprimero de nuestra Programación Pastoral Diocesana 2016-2017: “Desarrollar acciones y metodologías de primer anuncio para crecer comoIglesia en salida”. El primer anuncio o “kerigma” debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. Su contenido es muy sencillo y toca el corazón del Evangelio: “Jesucristo teama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (EG 164).

Desde aquí felicito a Cursillos de Cristiandad, a su presidente, consiliario y equipo responsable y les agradezco el empeño que ponen en alentar este movimiento eclesial. Invito a los sacerdotes y agentes de pastoral a que conozcan bien y promuevan el Movimiento de Cursillos de Cristiandad en sus parroquias como instrumento válido en esta nueva etapa evangelizadora, a la que nos convoca el papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii gaudium.

Con mi afecto y bendición,