Al rescate de la Navidad…

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Cuando llega el tiempo de Navidad se suele representar una de las obras más conocidas de Charles Dickens, Cuento de Navidad. Se trata de un clásico de este destacado escritor y novelista inglés que fue un maestro del género narrativo, al que imprimió ciertas dosis de humor e ironía, y le sirvió también para practicar una aguda crítica social. En esta obra cuenta la historia de un hombre sumamente egoísta e insolidario llamado Ebenezer Scrooge y su profunda transformación después de ser visitado por una serie de fantasmas en Nochebuena. La novela tuvo un gran éxito de público y crítica, y contribuyó de forma significativa a la restauración de la Navidad como una época de celebración y festividad en el Reino Unido y Estados Unidos tras un periodo más sobrio y sombrío.

Un gran admirador de Dickens fue Gilbert Keith Chesterton, otro gran escritor y periodista británico que llegó a afirmar que Dickens había salvado la Navidad en Inglaterra. En su libro La mujer y la familia ofrece unas reflexiones muy interesantes que son de gran actualidad. Según él, la Navidad tuvo que ser rescatada de la tristeza en el siglo XVII, y en el siglo XX tenía que ser rescatada de la frivolidad, de la superficialidad y ligereza que significa el intentar alegrarse sin tener nada sobre lo que alegrarse. El resultado es que al final hasta la frivolidad se disipa. Según esa lógica, que se nos invite a alegrarnos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero sólo si se entiende lo que esta fiesta significa. Alegrarse porque sí, porque toca, sin tener clara la causa, el sentido profundo de esa alegría, es algo absurdo y caduco, en definitiva, es frívolo. Por eso es preciso rescatar la Navidad de la frivolidad, de la superficialidad y del consumismo.

Un año más celebramos la Navidad y contemplamos el nacimiento del Hijo eterno de Dios, que se hace hombre para compartir nuestra vida, para salvarnos del pecado, para liberarnos de todos los males. El Señor tenía desde el principio en él la vida, y esta vida es la luz de los hombres y mujeres de ayer, de hoy y de siempre. Y su luz resplandece en la oscuridad e ilumina la noche del mundo. El don de su vida y de su luz nos ayuda a captar el valor de la vida de todo ser humano. Desde hace veinte siglos resuena en el corazón de la Iglesia el anuncio gozoso del ángel que anuncia a los pastores una gran alegría: el nacimiento del Señor. Y el nacimiento de Jesucristo llena de sentido el nacimiento de cada ser humano y fundamenta a la vez el gozo que produce la vida de cada niño que viene al mundo.

Navidad es la fiesta del amor y de la esperanza porque es la fiesta de Dios que se hace hombre para elevar a los hombres a la categoría de hijos adoptivos suyos. Es la fiesta del amor inmenso e incondicional de Dios. El sentido más profundo de nuestra vida reside en la relación con Aquel que es la Vida misma. Navidad es un misterio tan grande, tan profundo, tan inefable, que sólo me queda pedir a Dios que nos conceda celebrarla este año con la intensidad necesaria, que nos ayude a profundizar en este misterio de amor y de esperanza. A todos os deseo una santa Navidad, con un agradecimiento especial a aquellas personas que hacen todo cuanto pueden para que los hombres y las mujeres de hoy se encuentren con Jesucristo y lleguen al conocimiento de la verdad. ¡Una gozosa y santa Navidad para todos!

+ José Ángel Saiz Meneses

Obispo de Terassa y Consiliario del MCC de España