60º Aniversario del MCC de Asturias

Foto 60º Aniversario MCC Oviedo

Ponencia de José Mª Lana compartida en el 60º Aniversario del MCC de Asturias:

Para mí todo comenzó un 7 de mayo de 1969. Se celebraba el Cursillo Nº 62 para hombres de la Diócesis de Oviedo. Cuando le pregunté a Teni (que fue quien me invitó), qué era un Cursillo de Cristiandad, me contestó: “Vete y lo verás”. Fui y vi. Todo fue honrado, sencillo, emotivo, agradable y respetuoso con la libertad de cada cual. Fuimos evangelizados con la mayor sencillez del mundo; nos fue proclamado el “Kerygma” (la proclamación viva del Dios vivo) y resultó todo tan claro que nos adherimos a Él, nos fundimos en un abrazo con Él, con Jesús el Hijo de Dios, que aún perdura. De una u otra forma, todos sentimos la necesidad de quedarnos allí en aquel nuevo Tabor, pequeños, insignificantes, un tanto doloridos por nuestras experiencias de “hijos pródigos”, recién llegados a la Casa del Padre, que nos salía al encuentro. «Me llamo José Mª Lana, tengo 21 años y soy de Teverga. Llevaba 8 años peleándome con el Señor pero esta vez creo que me ha derrotado; hasta ahora lo había intentado de muchas maneras y no lo había logrado, pero esta vez tengo que reconocer que me ha vencido». Esto fue lo que manifesté en la clausura de mi Cursillo hace 49 años, 7 meses y 12 días. Desde aquel día afortunado, ya no me es posible levantar el vuelo cada mañana sin contar con su ayuda…

Puedo dar público testimonio de que allí descubrí también al Espíritu Santo, motor de nuestras vidas. Es decir, por Cristo, a impulsos del Espíritu Santo, me encontré con el Padre. Después, ese mismo impulso me llevó y me sigue llevando, a pedir perdón todos los días; perdón que tanto necesito para enmendar tanto yerro como hay en mi vida, tanta soberbia, tanto desvanecimiento de la fe… Gracias a ese Espíritu puedo orar y pedirle a Jesús como el salmista “No te quedes lejos…” o decirle como los de Emaús: “…No te vayas que atardece…” en mi vida y te necesito. Teniendo siempre presente que Dios sin mí sigue siendo Dios; pero yo sin Dios no soy nada.

También me encontré allí con todos los hombres, sobre todo con los más sencillos, con los más pobres, con los más débiles, con los que no tienen voz, con los que más sufren, con los “preferidos”. En definitiva, me encontré con la Iglesia que es la prolongación misma de Jesucristo en el tiempo y en los hombres.

¿Qué más me dio aquel Cursillo de Cristiandad? Tan sólo eso, el fundamento para mi vida; lo más sencillo pero a la vez lo más necesario para poder vivir la vida caminando con Jesús hacia el Padre acompañado del Espíritu Santo. En resumen, me dio la conversión. Conversión que día a día voy fortaleciendo con los medios que Dios pone a mi alcance, para pasar seguidamente al tercer escalón que es el Compromiso… Compromiso auténticamente cristiano para penetrar con nuestros actos y actitudes, y siempre contando con la fuerza de su Gracia, en las estructuras de la vida, de nuestra vida. Conversión, crecimiento y compromiso. Éste es el secreto de los Cursillos de Cristiandad; ya que sin la conversión, que es lo que da el Cursillo, no es posible el crecimiento ni tampoco el compromiso.

Al terminar el Cursillo surgió el “Grupo” mi Grupo. Crecimos entonces en simpatía mutua y, el gusto de estar juntos acrecentó nuestro trato, que ya no estuvo limitado a nuestras Reuniones de Grupo. Así empezamos a compartir la vida misma. Al compartir la vida, compartíamos también nuestras alegrías y nuestras penas, las ilusiones y los fracasos, los triunfos y las caídas. En aquel grupo cada uno irradiaba a los otros un poco de su modo de ser. Éramos un grupo diverso aunque cuatro compartíamos nuestro trabajo como profesores del mismo Colegio. Tengo que manifestar que lo que soy, si es que algo soy, es fruto de todos mis compañeros de Grupo: de Teny, de Víctor, de Faustino, de Arriaga, de Rubí y de Avelino.

Sí, de Avelino, que además había formado parte del Equipo de Dirigentes de mi Cursillo y que el mismo día de su comienzo, no pudo asistir al entierro de su mejor amigo, que había fallecido el día anterior en un accidente de tráfico. Tal es el compromiso que se adquiere por ser miembro activo del MCC. Desde entonces nos hicimos amigos y nuestra amistad se fue acrecentando por el trato y por las muchísimas actividades apostólicas y otras más profanas, que ya no dejamos de compartir durante tantos años y que seguimos compartiendo. El Señor le ha regalado el don de poder proclamar a Cristo como nadie. Cuando él empieza a hablar de Cristo y de la Fe, hasta los ángeles guardan silencio. Fue el mejor Rector, primero, y ahora el mejor Coordinador de Cursillos del mundo y sus barrios aledaños. En boca de otro experimentado Rector madrileño, «el hombre que más “gracia” tiene por dentro y por fuera». Gracias Rilu por tu coherencia en la vida y por estar siempre ahí para ayudarnos a encontrar el camino.

Para hacer un poco de historia de estos años, tengo que decir que de estos 60 años, yo compartí sólo los últimos 50. En primer lugar para asistir al Cursillo era necesario tener 21 años cumplidos. Como había lista de espera, un dirigente de la Escuela tenía que rellenar tu ficha y firmarla, haciéndose responsable del poscursillo. Pasado un año de peregrinaje por las Ultreyas, si querías entrar a formar parte de la Escuela, te tenía que avalar un componente de la misma. A los que éramos jóvenes y trabajábamos por las mañanas y asistíamos a clase por las tardes (porque seguíamos siendo estudiantes), no nos lo ponían precisamente fácil; los lunes Escuela, los martes Ultreya y los jueves Secretariado (todas las semanas). El “aprendizaje” solía ser rápido porque la necesidad apremiaba; eran muchas las obligaciones adquiridas y poco el tiempo disponible para la preparación.

A finales de ese mismo año 1970, asistí como auxiliar a mi primer Cursillo. Desde entonces han sido muchas las veces en que el Señor me ha llamado para otros Cursillos y así participar en la extensión de su Reino. Gracias Señor por seguir contando conmigo para trabajar en Tu Viña; Señor me contrataste a una hora temprana y sé muy bien cuál es el salario que me corresponde.

Os puedo asegurar que a pesar de ser joven, las experiencias vividas eran muy serias; todavía no me ha pasado el susto cuando al presentar la Intendencia en un cursillo abrí una carta que decía: “soy una monja de 30 años. Tengo cáncer de huesos y la semana pasada me tuvieron que escayolar porque mi columna vertebral se deshace. Todos mis sufrimientos los ofrezco al Señor por los frutos de ese cursillo que estáis viviendo”. Tengo que confesar que aquellas vivencias marcaron mi vida. Como os decía al principio “ya nunca más podría levantar el vuelo cada mañana” sin contar con su ayuda. Tanto es así que cuando me corresponde dar mi testimonio en las Ultreyas, suelo decir que toda mi vida ha girado en torno a tres acontecimientos que cronológicamente sucedieron así: primero me hice maestro, luego participé en un Cursillo de Cristiandad y por último junto con mi mujer, fundamos una familia. Sin embargo, la prioridad absoluta en mi vida siempre estuvo marcada por aquél: “Lo que habéis recibido gratis debéis dádselo gratis a los demás”, o “Cuando uno se ha visto mirado por el Señor necesita contárselo a los demás”.

Así que, cada vez que termina un Cursillo (y ya llevo unas 45) y alguien me repite: “José Mª, Cristo sigue contando contigo”, uno no puede por menos de responder: gracias Señor, por seguir contando conmigo. Él al principio te mima, te lleva de la mano pero pronto empieza a pedirte más; ya no se conforma con las alas y los huesos, quiere de ti la pechuga. Y uno que es “providencialista” y confía en Él, se lanza a la piscina porque se fía de Aquel “que anduvo sobre las aguas”. Primero te pide que seas auxiliar del equipo del Cursillo. Después que comiences a dar charlas; seguidamente que seas Coordinador, que formes parte de la Escuela de Dirigentes durante 40 años, que seas Presidente del MCC en Asturias y, que junto con algunos otros, en épocas de tribulación y discernimiento, te eches a la espalda la responsabilidad de que el Movimiento siga caminando porque “la mies es mucha y pocos los obreros dispuestos para trabajar”, y porque el Método es importante “pero la gente lo es más y, la hay donde quiera que vas y, es lo que nos gusta más…” (Viva la Gente, que es la canción que cantábamos todos los sábados al final de la Misa de los jóvenes).

Como os decía antes fui maestro primero, profesor de E.G.B. después y por último director de un colegio público durante 22 años. Un maestro cristiano ejerciendo en un Colegio Público laico y aconfesional. Por eso me ofrecí voluntario para ser el responsable de la asignatura de Religión cuando no existían todavía los maestros de Religión (año 1974), pero es que además de dar mis clases de Ciencias y Religión, cambiaba cromos con compañeros para que me dejaran dar las clases de Religión a sus alumnos a cambio de otras materias como dibujo o manualidades. Fueros 2 años preciosos y que a muchos de aquellos alumnos, según su propio testimonio, no se les olvidó fácilmente. Daba gusto ver la iglesia de Rioturbio llena en Misa de 12.

¿Y después de tantos años, al volver la vista atrás, qué queda? Queda la satisfacción de haber vivido una juventud al servicio de la Iglesia y de los hermanos; esa etapa maravillosa de la vida que se pasa volando, esa “enfermedad que se cura sola”, de la que me siento orgulloso porque la viví a tope. Yo no sé si por otros caminos se puede ser más feliz, lo que sí sé es que yo fui muy feliz, porque el amor cristiano “todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta; este amor es tan grande que se valora aún por encima de la fe: “Porque si tuviera una fe tan grande, capaz de mover montañas, pero no tengo amor, de nada me sirve” dijo nuestro Santo Patrono S. Pablo. (1 Cor 13). Veo una familia unida, responsable, un tesoro con tres hijos y cuatro nietos, donde cada uno respeta las decisiones de los demás y trata de ayudar en lo que puede. Queda una vida profesional donde uno siente la satisfacción del deber cumplido y también el agradecimiento de muchas familias, exalumnos y padres que valoran el esfuerzo realizado por colaborar con ellos en la educación de sus hijos; siempre desde el respeto y el convencimiento de que educar no es robar la voluntad de nadie, sino mostrar, desde el ejemplo, que educar es abrir caminos hacia una libertad superior que te permite tomar tus propias decisiones desde el conocimiento y, siendo consciente, de que muchos maestros son más recordados por lo que son y cómo son, que por lo que enseñaron.

Aquí quiero hacer un aparte y tener un recuerdo especial para nuestro eterno consiliario, D. Ezequiel. Supongo que como todo el mundo, tuvo aciertos y errores. Pero lo que nadie le podrá negar es su determinación, por encima de otras cosas, de que el MCC es un instrumento puesto por el Espíritu Santo en manos de la Iglesia para acercar a los hombres a Dios. ¿Cuántos nos hemos encontrado con el Señor a través de este Movimiento? En Asturias casi 13.000 personas. En el Secretariado, que es el órgano de decisión del Movimiento, a lo largo de los años tuvimos que tomar decisiones que comprometían el futuro del Movimiento en Asturias: comenzaron los Cursillos mixtos, hubo que abrir la Escuela y adaptarla a los nuevos tiempos, actualizar el Método y cambiar la nomenclatura, desechar la idea de hacer los Cursillos de 2 días como se hacían en otras diócesis. El consiliario siempre nos apoyó cuando había que tomar decisiones para poner el movimiento al servicio de los hombres y no los hombres al servicio del movimiento. Exigente consigo mismo y también con los demás. Recuerdo cuando en las escuelas nos decía: “estáis trabajando mucho y bien aquí dentro, pero no es suficiente. Aquí estamos todos a gusto, nos queremos mucho en este nuevo Tabor, pero hay que salir a fuera, tenemos que ir también a los alejados. Como hemos dicho al comienzo, a los más necesitados, a los que no tienen voz o nadie los escucha. Y mira por donde, a los 4 meses de haberme prejubilado me ofrecen la presidencia de la Asamblea Local de Cruz Roja en Mieres. Entre los Principios Fundamentales de esta Institución está la Imparcialidad, para no hacer distinción por motivos de nacionalidad, raza, religión, condición social o credo político. Desde entonces —enero de 2012—, ya no me hace falta salir a buscar a los más necesitados porque vienen ellos a mí. Ahora sí, D. Eze; ahora ya puedo decir que comparto mi vida con los desheredados, con los que no interesan a nadie, con aquellos de quienes habla el Sermón de la Montaña (dicho sea de paso, el mejor discurso de ética humana jamás pronunciado, porque es la inversión de toda lógica humana: bienaventurados los pobres de espíritu, los que tienen hambre y sed, los que son pobres de solemnidad, pero también los limpios de corazón porque ellos verán a Dios). Unos, pobres porque no tienen casi nada, y otros pobres porque la vida y las circunstancias los ha conducido a situaciones casi irrecuperables y además invisibles para la sociedad en general.

Algunas veces nos quejamos porque parece que la simiente cae en el camino y no fructifica, pero en este terreno nada se pierde. Cuando la vida te coloca en situaciones serias, tan comprometidas que nos va la vida en ello, la gente busca en quien confiar. Unos pensarán de forma parecida a ti y otros no, pero al final todos necesitamos de algún amigo que te ofrezca un hombro solidario para compartir tus preocupaciones. Y entonces, aprendes a agradecer al Señor todas las mañanas, lo afortunado que eres porque eres autosuficiente, te vales por ti mismo y sigues conservando lo más valioso que tienes que es la propia vida. No debemos olvidar, porque alguien nos lo dejó dicho “no te canses nunca de hacer el bien, porque aquel que da sin esperar nada a cambio, todo lo que siembra, un día lo cosechará en abundancia”.

Nosotros somos los Dirigentes del MCC en Asturias y, las funciones de un Dirigente son: CONOCER, SITUAR, ILUMINAR, ACOMPAÑAR. La gente necesita tu sentido común, tu serenidad, tu disciplina, tu constancia, tu seriedad, tu sigilo y también tu compromiso.

Como dice Eduardo Bonnín, iniciador de Cursillos, hablando sobre la amistad: “Cuando plantemos un árbol, no por sus flores ni por sus frutos, ni por su sombra, ni por su leña, sino por el gusto de que existan más árboles, por la alegría de vivir en el bosque… entonces nos arrimamos a la amistad”.

 

José Mª Lana